domingo 25 de mayo de 2008

¿Qué pasa con Argentina? (2° parte)

Y nuevamente me hago la pregunta: “¿Por qué Argentina no fue Australia?”, y descubro que para encontrar una respuesta, antes bien habría que preguntarse, “¿y por qué Australia no ha sido Argentina?”, para luego preguntarme “¿Por qué Argentina fue Argentina?”. Además de las claras diferencias estructurales en la economía de ambos países, Australia es un país políticamente plural, a diferencia de Argentina, cuyo sistema en la actualidad se asemeja cada vez más al unipartidismo que gobernó en México a lo largo de décadas de hegemonía del PRI, producto de la consolidación del peronismo como único partido político capaz de sostener un gobierno democrático en forma estable.

“Parece claro hoy que, en un proceso de crisis que aun no ha sido superado, solo los peronistas pueden gobernar este país, no tanto por sus méritos intrínsecos como por su segura capacidad para bloquear la acción de cualquier otra fuerza política. La Argentina no ha conocido nada más potencialmente disolvente que un peronismo opositor.[1]” ¿Y que consecuencia acarrea esto en relación a la relación individuo-Estado? O en todo caso, ¿Cuáles han sido las consecuencias históricas de dicha consolidación del peronismo? El peronismo creó una relación entre el individuo y el Estado que hizo que el individuo sea dependiente del Estado. El argentino espera que el Estado le resuelva su problema. En la Argentina no se usan las palabras de John F Kennedy, “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país”[2].

Existe una relación directa entre desarrollo económico y desarrollo socio-político en cualquier sociedad, a partir de que la posibilidad de que un país consolide y conserve un sistema institucional sólido dependerá de la amplitud con que la sociedad y la economía del país:

  1. Favorezcan la alfabetización y educación.
  2. Creen un orden social pluralista y no centralizado de distribución del poder.
  3. Prevengan las desigualdades extremas entre los estamentos políticos más importantes del país.

Estas son las tres famosas condiciones de Dahl, de las cuales rescato como propuesta concreta en el desarrollo de agentes de cambio social la primera de ellas.

Considero en éste sentido que es el ámbito universitario quien tiene el papel de revertir el pasivismo inherente a la ciudadanía argentina, y verdaderamente generar agentes activos, agentes de impacto positivo en la sociedad. Aunque claro, la crisis institucional no escapa a la educación: Sólo el 8,2% de la población de más de 25 años en la Argentina tenía un título universitario en el año 2003, y solamente el 19,5% había terminado la secundaria[3]. Todos quisiéramos creer que dichos datos fueran errados. Sin embargo, siendo universitarios, esto debe significar un fuerte compromiso y una fuerte responsabilidad para con la sociedad.

Santiago, en una de las notas anteriores [4], escribía luego de un viaje a su norte natal: “Lo que llama la atención es la cantidad de niños pobres que se ven. Los vi de todas clases, cartoneros y lustrabotas, “pareas” y “buscas”, jugando entre la mugre y el hedor, entre el agua rancia de ese piso, los vi también descansando en las escaleras, y otros tres viendo los Simpsons en un barsucho del mercado. Tome una Coca en ese lugar. La que atendía, Romina, con sus diecisiete, pregunta: - ¿has tenido hijo vo´?. Pensando que tenía su misma edad. Me pasa el celular por debajo por que no quiere que le vea el marido; -no tengo esposa- contesto, poco sorprendido a esta altura, es muy común tener hijos de temprano. Después me coquetea, agarrando el diario de la mesa, del revés sin advertirlo, es que no sabe leer.” Ésta es la imagen que quisiera erradicar de mi país.

Si existe un ámbito que debe ser formador de agentes de cambio son las universidades repito, ya fueren públicas o privadas. Esto exige un fuerte compromiso de parte de quienes formamos parte del doloroso 8,2% para modificar estas instituciones, para darles legitimidad, representatividad, y convertirlas en un sustrato sólido que nos permita un proyecto de desarrollo sostenible en el tiempo. A solo dos años del bicentenario, vuelvo a repetir, deberíamos encontrarnos en condiciones de aprender de nuestros errores pasados, y saber porqué hemos forjado el país que hemos forjado, pero no para detenernos en lamentos vanos. La pregunta retórica “¿Porqué Argentina fue Argentina?” no tiene por tanto puramente fines estilísticos, sino que propende a una mirada hacia el futuro superadora.



[1] Romero, L.A. “La Crisis Argentina, una mirada al siglo XX” p. 119. Ed. Siglo XXI, Bs. As (2003).

[2] Cfr. Oppenheimer, A. “Cuentos Chinos” p. 191 Ed. Sudamericana, Bs As. (2005).

[3] Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina - SITEAL- (UNESCO). “Resumen Estadístico I” para el año 2007. Consultado en http://www.siteal.iipe-oei.org/basededatos/resumenesestadisticos.asp el 25/04/2008.

[4] http://ellibredebate.blogspot.com

jueves 22 de mayo de 2008

Nueva carta de Fernando Peña



¡Seguramente ya lo leyeron, pero la ironía, el humor, y la verdad entreveradas nunca están de mas!



Luis D´Elía, mucho gusto.
Otra vez soy yo, Fernando Peña. No me presento porque ya me conocés y te encargás de presentarme solo: que me odiás porque vivo en San Isidro, porque soy puto, porque mi vida es así y asá.Por suerte no estoy solo en tu odio: odiás a toda la gente que vos considerás –quisiera saber por qué- 'privilegiada', 'garca', 'oligarca' y en general, cualquiera de la clase media para arriba, es merecedora de tu odio. Inclusive distinguís por el color de piel. Por suerte soy pelado y castaño, si fuera rubio de ojos celestes sería más merecedor de odio todavía.Yo quería pedirte perdón. Perdón por no ser como vos. No todos podemos ganar $ 13.500 mensuales sin trabajar, como vos. No todos tenemos chofer (tres choferes, si no me informaron mal), no todos tenemos 2 autos a nuestra disposición, no todos podemos romper una comisaría y que ni siquiera un fiscal te cite a declarar porque tiene miedo. Tampoco todos tenemos la suerte que tenés vos de manejar cientos de planes sociales para manipular a los pobres, de tener viáticos por $ 100.000 al mes, de tener fondos para 'comunicación social' por $ 38.000 al mes. No todos manejamos gastos de protocolo por $ 30.000 al mes. No todos podemos pegarle a un ciudadano en la calle, cobardemente por la espalda (eso es de putos, te aviso), y al día siguiente estar sentado en el palco con la Presidenta, como ejemplo de ciudadano y civismo.Ojalá pudiéramos, así seríamos como vos y no nos odiarías.Perdón por ser diferente a vos. Es que algunos tenemos que trabajar ¿sabés? Vos pensá esto: la plata que ganás por mes sin trabajar, proviene de alguien que trabaja y paga los impuestos. De un maestro, de un laburante, de un 'garca', de un puto, de un pibe que vive en Barrio Norte, de un chacarero que vive en Santa Fe, de un kiosquero de Gonzalez Catán, y de mí, que laburo en una radio y pago mis impuestos.Por eso te pido que no me odies ni me quieras matar (¿te acordás cuando dijiste que 'los mataría a todos'?) porque si nos matás, ¿de dónde va a salir la plata que cobrás por mes? ¿Cómo te vas a mantener? ¿Con qué te vas a comprar las propiedades que estás amasando? ¿Quién te va a dar laburo? ¿Cómo vas a pagarte los pasajes aéreos para saludar a Chávez y a Evo y al presidente de Irán, al que defendés?Pensalo. Matar al que te da de comer no es buen negocio.Te saludoFernando Peña

domingo 18 de mayo de 2008

¿Qué pasa con Argentina? (1ª parte)

Sobre su adolescencia institucional



Alguna vez escribía: “…Todos los vientos son malos para un barco que no tiene rumbo, aproximándose en gran medida a la problemática latinoamericana. Si hubiera que señalar un problema que impida llevar adelante un programa de políticas sustentables, y de desarrollo económico (muy distinto del crecimiento económico), sería la falta de acuerdo sobre qué somos, hacia donde vamos y cómo queremos llegar.”

Claro, en aquel entonces no había ahondado en el desarrollo institucional argentino, y por tanto no había dado con un dato más que esclarecedor y gráfico: Entre 1904 y 2004 hubo nada menos que 40 presidentes, un promedio de un presidente cada dos años y medio. Por no decir nada de los 82 ministros de economía comprendidos en el mismo período, es decir, un ministro cada un año y dos meses en promedio. Estos datos, sin dudas, deberían generar algún tipo de reflexión en cuanto a la adolescencia institucional argentina. ¡Un promedio de un presidente cada dos años y medio!

A sólo dos años del bicentenario de la República Argentina, deberíamos esperar encontrarnos frente a un país institucionalmente maduro, y no frente a uno que adolece de instituciones débiles. Según la Real Academia Española, adolecer supone “causar dolencia o enfermedad”.

“¿Por qué Argentina no fue Australia?” me pregunto, luego de hojear el libro de Pablo Gerchunoff[1] que lleva el mismo nombre, y respondo para mis adentros que no es posible únicamente alegar causas como el déficit estructural en la Balanza de Pagos, al Índice de Apertura Económica, ni mucho menos al histórico endeudamiento externo, limitándolo pura y exclusivamente a factores económicos. Al menos éstas no son explicaciones acabadas, y exigen un ejercicio analítico mucho más profundo, que indague en la fisionomía institucional de Argentina, y porqué no en la de Latinoamérica en su conjunto, que den cuenta de la adolescencia institucional con la que cargamos, producto de que nuestras sociedades son sociedades aún inmaduras, en el más estricto sentido del término.

Existe un dicho atribuido a Brasil, “Brasil es el país del mañana, y siempre lo será” pero bien podría ser argentino. Cuando escucho decir que “los argentinos merecen” un país mejor, siento que el problema que subyace no está siendo comprendido. El destino de un país no es fruto de merecimientos, ni mandatos divinos, sino del esfuerzo concertado de sus habitantes y de la existencia de un sustrato institucional serio, confiable y previsible. Argentina no es un país confiable institucionalmente a los ojos del mundo.

Brasil ha realizado profundos avances en su consolidación institucional en los últimos diez años, potenciando aún más su desarrollo económico e ingresando en el grupo de las diez economías más fuertes del globo. De hecho, días atrás Brasil acaba de ingresar en la lista de los países seguros para invertir (BBB-) según la clasificación de Standard&poor´s (S&P). “El informe de S&P subraya la madurez de las instituciones del sistema político de Brasil, evidenciada por el alivio de las cargas fiscales y de la deuda externa.

Como contrapartida, en Nueva York se mantiene el embargo a los títulos argentinos. La decisión del juez Thomas Griessa se basa en la demanda colectiva de un grupo de tenedores de deuda de bonos en cesación de pagos, que rechazó el canje de deuda ofrecido por el gobierno. En cuanto a la calificación de la Argentina de S&P, es B negativa, muy lejos del investment grade[2].

Recientemente The Economist comparó el programa político económico post crisis entre Brasil y Argentina para establecer un paralelismo entre la fábula de la liebre y la tortuga: “Take two neighbouring economies, both heavily dependent on commodity prices to make their trade figures look good. Give one an orthodox monetary policy, watch it embrace foreign investors and float its currency. Hand the other over to mavericks who have resorted to fixing prices, banning or taxing some of their own exports and baldly lying about the inflation rate. The result? The rascal—Argentina—continues to grow at a blistering 9% clip, while by contrast well-behaved Brazil plods along. Is it time to rewrite the economics textbooks? Argentines would like to think so. But there are signs that Brazil may yet come out ahead.[3]” La prudencia brasilera y su crecimiento sostenido y sostenible se contraponen a la polìtica de crecimiento a cualquier precio de Argentina.

Argentina necesita estabilidad institucional y demostrar al mundo ser un país que se rige por las reglas que comparten todos los países previsibles del globo. Como plantea Oppenheimer, “…la forma en que la Argentina había salido del default había sido escandalosa. El Congreso había hecho el ridículo ante el resto del mundo celebrando la suspensión de pagos al grito de “¡Argentina!,¡Argentina!”. En una semana, a principios de 2002, el país había tenido nada menos que cinco presidentes y había sufrido una maxidevaluación que había hecho caer el ingreso per cápita de 7500 a 2500 dólares por año. De la noche a la mañana, la Argentina se había convertido en un país con una mayoría de pobres.[4]”......



[1] Cfr. Gerchunoff, P y Fajgelbaum, P. “¿Por qué Argentina no fue Australia?”. Ed. Siglo XXI editores, Bs. As (2006).

[4] Oppenheimer, A. “Cuentos Chinos” p. 173 Ed. Sudamericana, Bs As. (2005)



martes 22 de abril de 2008

La Isla de las Flores

Un corto de 13 minutos que nos confunde hasta la mitad, cuando repentinamente nos revela que ciertas cosas que parecen obvias, no siempre lo son tanto... Mas alla de la realidad particular que el corto nos muestra, ayuda a reflexionar sobre cuan evitables parecen muchos males de los que padece la humanidad, pero que tan dificiles son de erradicar... uno de ellos, la extrema desigualdad de oportunidades.


"La mejor película del Festival de Gramado dura menos de 20 minutos y narra la trayectoria de un tomate. Después de la exhibición de 'Isla de Las Flores', el Cine Embaixador oyó la mayor aclamación de este año" ( Jornal do Brasil, Rio de Janeiro, 17/06/1989)

lunes 24 de marzo de 2008

La burbuja inmobiliaria en Estados Unidos hace temblar los mercados financieros: las victimas fatales son los sectores de menores ingresos

Muy interesante artículo escrito para el blog que explica que parte de la crisis económica de EEUU en la actualidad... que lo disfruten!


En este escrito intentaré combinar los lineamientos planteados en “El capitalismo criminal” (J. Sevares) y el artículo de A. García titulado “Damnificados por la crisis de las hipotecas subprime” en Estados Unidos”. Además tendré como objetivo examinar cómo la crisis del sistema financiero actual ha repercutido sobre los préstamos hipotecarios permitiendo el lucro indiscriminado de las grandes entidades financieras por sobre el bienestar social.
Las crisis hipotecarias han alterado el funcionamiento de los mercados internacionales debido a que las personas de menores ingresos que deseaban obtener su propia vivienda fueron libradas a las consecuencias de un sistema que privilegió el lucro por sobre las posibilidad de pago de los prestamos hipotecarios y sobre todas las cosas, creo yo, por las necesidades y capacidades de los sectores con préstamos “subprime”[1].
Es decir, que el mercado se encargó de resolver un tema social de significante importancia como lo es: la vivienda popular.
Lo dicho con anterioridad puede verse reflejado en la idea de Julio Sevares
al momento de afirmar que la liberalización, desregulación y privatización del mercado no son un fenómeno “natural” sino consecuencia de políticas gubernamentales que expresan, fundamentalmente, los intereses del capital financiero por encima, según mi opinión, del bienestar social.
Esto está íntimamente vinculado al accionar de los banqueros norteamericanos que se oponían a los planes de Keynes (incluye regulaciones a los movimientos de capital internacional y la creación de un fondo destin
ado a financiar los déficit transitorios de la balanza de pagos de los países con el objetivo de que los países con déficit adoptaran políticas deflacionistas) para conformar un fondo monetario internacional (un sistema basado en leyes del mercado) en el que los banqueros defendían el sistema patrón oro. Según Sevares, el FMI fue creado con una capacidad financiera escuálida hasta que en 1971 los Estados Unidos decretaron la inconvertibilidad del dólar, cambiando así el escenario político-financiero. Las condiciones por las que operaba ese mercado dieron lugar al crecimiento de un mercado especulativo (vale la pena recordar que la crisis del petróleo y la generación de grandes excedentes petroleros incrementaron a este mercado especulativo) de divisas y estimulan presiones de capital financiero para lograr una mayor libertad de movimientos.
Retomando el tema de las crisis hipotecarias, la insuficiente información que manejaban los prestatarios, al desconocer los mecanismos de los préstamos que contrataban (su evolución a largo plazo), por otorgar préstamos que no amortizaban capital por un largo período de tiempo, con tasas más bajas que brindaban facilidades a la hora de pagar los primeros años pero con un incremento del valor
de las cuotas luego: fueron uno de los motivos por los que hubo fuertes impactos negativos sobre los deudores. Además, según W. Wechesler “muchos mercados emergentes recibieron flujos antes inimaginables las cuales fueron canalizadas a través de los sistemas bancarios no regulados ( …)”[2].

Como solución a ello puede proponerse, tal como lo plantea Dr. Sevares, el incremento protagonístico de la tecnología que ayuda a los reguladores, es decir, facilitan los controles, aunque no debemos dejar de lado sus costos y complejidad.
Ahora bien, cabe preguntarnos ¿de que dependen los grados de regulación, de control y de penalización en el mercado financiero? La respuesta a esta pregunta puede ser en buena medida, las relaciones de fuerza que op
eran en él. Sin embargo en estas últimas décadas se ha aumentado el grado de concentración del sistema (debemos tener presente que el mercado financiero está dominado por un reducido cuerpo de entidades que funcionan en pocas grandes ciudades del mundo), ésta se debe a la competencia a nivel mundial, a la complejidad de las operaciones, a la necesidad de plazos internacionales más estrechos y al avance de la tecnología.
Actualmente, los activos del sistema financiero planetario triplican el Producto mundial anual. La riqueza acumulada en manos de los grandes bancos y multinacionales es tal que les permite llevar la especulación hasta su enésima potencia. Para las grandes empresas se ha convertido en una forma de financiación extra de mucha importancia.[3]
Esta tendencia a la concentración del mercado financiero global implica, a su vez, un incremento de la capacidad de resistencia a los controles de las entidades y como se habló anteriormente vemos que ello es por sobre todas las cosas, muy contraproducente.
Y como afirma A. García “esta preocupante situación no ha sido expuesta en los titulares de los medios internacionales, preocupados por la suerte de los inversores y de los mercados de capitales.”[4]
La asociación United for a Fair Economy (UFE), citando datos gubernamentales afirmó que los negros (13.4 % de la población), hispanos (14.8 % de la población) y otras minorías perdieron entre 163 000 millones y 278 000 millones de dólares desde el 2000.[5]
Lo peor de este escenario que parece ser que hoy se perpetúa día a día agrava y declina la situación de los sectores de menos ingresos a costa del afán lucrativo del gobierno.


Sanchez Labat, Elsi


[1] Término utilizado por Alfredo. T. García para hacer referencia a las hipotecas de baja calidad o “de segunda” que por lo general, las personas así calificadas, son aquellas de menores ingresos y que habitualmente no aplican un préstamo convencional.

[2] Cfr. J. Sevares “El capitalismo criminal” Ed. Norma. p. 178

[3] www.blopress.com

[4] A. T. García “Damnificados por la crisis de las hipotecas SUBPRIME en Estados Unidos”. 2007.

miércoles 12 de marzo de 2008

"Un día común"

"¡Diles que no me maten, Justiniano! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad." (Del Llano en llamas-Juan Rulfo)










Al entrar por Santiago advertí a la luna observándome. Nunca como hoy tan redonda y naranja, como si fuera ojo en desvelo, igual que el de aquel viejo del cuento de Poe “corazón delator”, un ojo aterrador. Por mi ventana de tanto en tanto corrían los faroles grandes y naranjas como la misma luna, siempre los veo al pasar por acá, su inevitable luz me ataja en pleno sueño y entonces tengo que mirar hacia fuera. siempre lo hago y es bastante extraño que siempre me atajen en el mismo lugar. Hoy veo bajo esos faroles unas cabecitas negras. Me asomo. Veo cuatro chiquitos y una madre embarazada a las cuatro de la mañana sentados en la vereda entre Alberdi y Tacuarí sin saber que hacer. Me pregunto ¿Qué hacen aquellos hombrecitos de ropas rasgadas y caras largas? ¿Alguien los noto? Me vuelvo a preguntar ¿alguien en este colectivo esta pensando que hacen esos hombrecitos, ahora parados, mirándome, con ojos insomnes y aterradores, como los del viejo de aquel cuento, Ahora son sus ojos los que me increpan junto a la luna. El tango de Piazzola que escucho en mi mp3 cambia repentinamente, es que siento ese tango en mis huesos, lo siento recorrer cada una de mis viseras.




Llegue a Salta y al día siguiente, tras esa rara sensación que había experimentado decidí recorrer algunas calles de la ciudad, aquella que me era tan familiar, pero esta vez tenia un propósito, debía recorrerla con alma de turista, experimentarla de otra manera. Saque la cámara con la intención de que algo me sorprenda. no alcance unas cuadras que vi unos afiches, la cara de Cristina Kirchner mirando hacia arriba, como esperanzada, dando la idea de un futuro digno, miro la inscripción, efectivamente mi intuición era correcta, decía: “Ahora si Salta es esperanza” . El cartel pegado en las chapas fuera de una casa colonial puesta en refacción por casi un millón de dólares por parte del gobierno anterior, demasiado caro, para poca cosa, igual que el centro de convenciones que se hizo hace poco, por una suma abrumadora.
Seguí caminando, pase la peatonal, hasta llegar a la calle San Martín. Es fácil notar como cambian los rostros, “es que acá la gente no se mezcla”, piensa uno, pareciera como si la provincia no fuera una sino dos, y que la San Martín fuera su limite, de los 730.650 habitantes de esta capital 250.000 son bolivianos, por lo menos, sin embargo de un lado del limite no se ven tanto como del otro. Las personas de saco desaparecen en la peatonal, y los lustrabotas por lo general menores, son la cereza del postre, nunca deben faltar, es característico de Salta, igual que el cerro, el teleférico, o el tren de las nubes.
Entrar al mercado San Miguel es como verle los senos a alguien, siempre sorprende, sean lindos o feos o puntiagudos. En este caso era feo, era verle los senos a Latino América, ver que Argentina nunca iba a llegar a ser una mujer madura y completa.
La gente va al mercado a trabajar, comprar, hablar, se entretiene, busca pareja, duerme, en suma “vive”. Es un estilo de vida entre moscas, y olores turbios, la comida sin refrigerar fermenta un olor irritante y áspero, como de muerto.
Lo que llama la atención es la cantidad de niños pobres que se ven. Los vi de todas clases, cartoneros y lustrabotas, pareas y buscas, jugando entre la mugre y el hedor, entre el agua rancia de ese piso, los vi también descansando en las escaleras, y otros tres viendo los Simpsons en un barsucho del mercado. Tome una coca en ese lugar. La que atendía Romina con sus diecisiete, pregunta: - ¿has tenido hijo vo´?. Pensando que tenia su misma edad. Me pasa el celular por debajo por que no quiere que le vea el marido -no tengo Esposa. contesto poco sorprendido a esta altura, es muy común tener hijos de temprano. Después me coquetea, agarrando el diario de la mesa, de revés sin advertirlo, es que no sabe leer. Pensaba en la frase de ese cartel, y no me terminaba de entrar en la cabeza como era que ahora le pagaban a los ex senadores provinciales dos mil pesos por desarraigo, que van a recibir todos los meses durante dos años. (Incluyendo a Wayar ex vice gobernador por ser el presidente del senado) ¿¿POR DESARRAIGO?? Es que es tan bueno el sueldo que da pena dejarlo, me convencía.
Me acorde que la presidenta llegaba mañana a esta provincia, y la imagine, con sus tacos, ahora no tan relucientes, y su ropa color crema, solo que esta vez no eran tan exclusivas, pues imagine que eran de la feria Americana, con tan solo el valor de cinco o diez pesos por prenda, esquivándolos desairada, doblando por el pasillo, retorciendo el pie derecho con delicadeza, para buscar entre esas carnes y sus moscas los pies de vacas, del mismo blanco que su cartera, para la sopa del día. Imposible…

Cuando salgo de ahí, me tope con el gaucho Tolaba, que como imagino lo hubiese descrito Jhon Russell: sus bienes eran su nombre, que siempre cuidó de mantener, su bombacha, en cuyo interior vivía y dormía, sus botas, intactas de bien lustradas, y solo dos pre-molares en su boca ya no tan intactos.
Intercambiamos un par de palabras pero yo fui el que salí perdiendo por que no entendí nada, quizá era la dentadura o la vejez, aunque no descarte su estrechez.
Ese día se manifestó claramente ante mis ojos lo que Foucault llamaría la relación entre la historia y el sujeto, los efectos sobre este ultimo: como la construcción de la verdad, “cuya formación es el producto de las estructuras políticas, que no se imponen desde el exterior al sujeto, sino que son, ellas mismas (las estructuras politicas), constitutivas de este”, (1) Que la corrupción esta acabando con mi pueblo y que fácilmente se observa en las calles, en la gente, en esas caras largas y ropas rasgadas, en ese viejo al que le cuesta hablar, y en sus pensamientos amputados, apremiados con la condición de la ignorancia eterna. Se ve todos los días AUNQUE se lo intente negar, como lo hace el diario Tribuno (del ex gobernador y ahora senador Nacional, Romero), escondiendo la pobreza que ellos mismo han alimentado durante tanto tiempo, AUNQUE la terquedad de la clase conservadora salteña (que no aporta mucho)maquinado con excelencia y locuacidad un discurso por de mas optimista, y simpático hacia el gobierno.
Finalmente salí de ahí, para continuar con mi viaje hacia el museo arqueológico de Alta Montaña situado en el centro, a unas cuantas cuadras.
Vi a “la doncella” una de las momias mejor conservadas del mundo, la mire largo rato. Esta niña inca posee los mismos rasgos que algunas de aquella gente del mercado: Ese tipo de rostro, redondo, de pómulos abultados, que no se sabe bien si por el acullico, o por cuestiones genéticas, nariz aplastada, pero sin perder su forma de rombo y ojos oblicuos pero no del todo, piel trigueña, estatura baja y contextura ancha la mayoría de las veces. Por un momento creí que abría los ojos, y que si por casualidad balbuceaba alguna palabra era para pedirme una moneda. Es que ya había visto demasiado.
También ahí leí que en su pago a las deidades entregaban lo mejor que poseían y que la vida de los niños fue la principal ofrenda. Aprendí que para los incas el mundo de los muertos no difería mucho del mundo de los vivos, y me di cuenta que para nuestros gobernantes, hasta el día de Hoy la cosa mucho no cambio. En el Norte Argentino el 70% de las personas bajo la línea de pobreza son niños, de los cuales el 23% es indigente.
Dato bastante alarmante para una región con casi el 60% de pobres y un 20% de indigentes (2).
A la vuelta del camino volví por la misma calle, ya era de noche. pude ver la luna, ahora chispeaba color neón. repase nuevamente ese cartel “ahora si Salta es esperanza” y vi en esos ojos algo aterrador. Enseguida supe que eran como los de aquel viejo del cuento de Poe. Ahora son sus ojos los que me increpan junto a la luna.

Santiago Trogliero
fotos: colaboración Tomas Trogliero.

(1) La verdad y las formas jurídicas Foucault

(2) http://www.geocities.com/trabajoysociedad/ArtemioLopezFINALISIMOPobrezaporregiones.htm

martes 19 de febrero de 2008

“Yes, we can!”

Es una sorpresa, sin dudas, el ascenso repentino de un personaje al centro de la escena electoral norteamericana cuando hace poco más de un año no era tenido demasiado en cuenta. Hoy es de suponer, como suponen muchos analistas políticos, que podría transformarse en el futuro presidente de los Estados Unidos. Hablo por supuesto de Barack Obama, senador por Illinois, quien con una capacidad discursiva asombrosa y una propuesta que apela al “cambio”, ha cautivado a gran parte de la sociedad norteamericana esperanzada en un cambio rotundo en el rumbo de dicho país.
Pero, lo que muchos nos preguntamos cuando comenzamos a leer sobre este ascendente personaje fue: ¿Quién es verdaderamente Obama?




Barack Obama nació en Hawaii el 4 de agosto de 1961. Su padre, también llamado Barack Obama, nació y fue criado en una pequeña aldea en Kenia, donde creció cuidando un rebaño de cabras junto a su padre, que trabajaba como criado doméstico para los británicos. Su padre era de origen musulmán, argumento que ha sido utilizado como un arma por parte de Hillary Clinton para cuestionar la religión del candidato afroamericano.
La madre de Barack, Ana Dunham, creció en un pequeño pueblo de Kansas. Su padre trabajaba en una plataforma petrolífera durante la depresión, y luego se enlistó, durante la segunda Guerra Mundial después del ataque a Pearl Harbor. Fué en la universidad de Hawaii donde los padres de Barack se conocieron. Ana Dunham estudiaba allí, y su padre tenía una beca que le permitió salir de Kenia.
Terminada su educación media, Obama estudió dos años en Occidental College antes de pasar a la Universidad de Columbia[1]. Allí estudió Ciencia Política, con una especialización en Relaciones Internacionales. Después de sus estudios, Obama viajó a Chicago, donde fue un activo organizador de la comunidad, en la zona sur de la ciudad.
Se alejó de Chicago durante tres años para estudiar derecho en la Universidad de Harvard. Allí, Obama fue elegido primer presidente negro del Harvard Law Review y se graduó con magna cum laude.[2]
Después de estudiar en Harvard, regresó a Chicago, donde comenzó a trabajar en una Consejería Jurídica por los Derechos Civiles y trabajó como profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Chicago. Su carrera política es verdaderamente breve: En 1996, Obama fue elegido senador del Estado de Illinois, representando a Hyde Park en la ciudad de Chicago, donde era considerado un firme liberal.En 2004, Obama hizo campaña por el asiento que el senador anterior, Peter Fitzgerald, dejó vacante. En la elección primaria para la candidatura demócrata sus opositores fueron Blair Hull, un hombre de negocios, y Dan Hynes, Interventor del estado de Illinois. Obama comenzó detrás de Hull en los sondeos de opinión, pero esto cambió después de un escándalo de violencia doméstica que implicó a Hull. A partir de entonces, la imagen de Obama mejoró notablemente y comenzó a ganar en los sondeos de opinión hasta convertirlo en un referente del partido democrata a nivel nacional.
Sin dudas es un orador asombroso. Como dato anecdótico, ha ganado este año un Grammy al mejor disco hablado por su compilado de discursos "The Audacity of Hope", lo que reafirma lo ya dicho. Su discurso en Nashua me dejó sin palabras y es por eso que decidimos colgarlo. Como afirma Marini en una nota publicada en Perfil, “Su discurso ...[es]...más convincente que el de su rival en los temas que dominan la contienda: aborto, inmigración, guerra en Irak, seguridad social, impuestos, marcha de la economía y matrimonio homosexual. Si bien el camino de este joven senador hacia la Casa Blanca debe aún sortear numerosas y exhaustivas internas hasta junio, su meteórica carrera está cargada de una simbología muy afecta a la opinión pública norteamericana y al discurso político estadounidense en general.
El acceso de Obama a la antesala de la presidencia no sólo evoca las conquistas del líder religioso Martin Luther King por los derechos de la minoría negra, sino que representa la enésima materialización del “sueño americano”: el joven ciudadano que, sin importar su etnia, origen geográfico o clase social, puede llegar a ser presidente de Estados Unidos.”[3]
Gane o pierda las internas, lo que mas me ha impactado fue el modo en que éste candidato se ha apropiado del concepto “cambio” y cómo ha demostrado que con campaña positiva, grandes discursos, reconocimiento de las virtudes de los demás candidatos, y una política inclusiva en términos de los sectores excluidos también se puede ganar una elección.



Fran Urdinez

[1] Sectores opositores han cuestionado a Obama por su paso por esta universidad liberal donde, dice en sus memorias, publicado en 1995, reconoció haber fumado marihuana en la habitación de un compañero. Según él, mientras era estudiante secundario en Hawai, había consumido esa droga, alcohol y, a veces, cocaína. Que absurdo no reconocer que alguien pueda haber sido joven y haya tomado algunas “decisiones equivocadas”.
[2] http://www.barackobama.com/learn/meet_barack.php. Extraido el 19 de Febrero de 2008.
[3] http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0229/articulo.php?art=5440&ed=0229. Extraido el 19 de Febrero de 2008.

martes 12 de febrero de 2008

SABF 08´

"Fortaleciendo Agentes de Cambio"


“Hay que volver a la seguridad jurídica”. La Nación, del 28 de noviembre de 2007. Referéndum en Venezuela, 2 de diciembre de 2007: 44 por ciento de abstención. Estos son algunos ejemplos que marcan que América del Sur es una región cuyos procesos y tendencias resultan de una complejidad remarcable y, muchas veces, difícil de analizar. Numerosos especialistas han enunciado teorías y buscado soluciones para promover un cambio regional pero, su implementación práctica ha conducido, hasta el momento, a escasos resultados. Como una posible causa, puede remarcarse el estancamiento, falta de definición o debilidad de los factores que determinarían el definitivo salto de crecimiento e inserción global, es decir, de los agentes de cambio.
Ante esta situación, lo primero que cabe preguntarse es: ¿Qué es un agente de cambio? ¿Qué cambios se están buscando, de qué tipo, de qué magnitud? Las respuestas a estas preguntas no son triviales, y son el objetivo del debate planteado este año. La temática del foro, "Fortaleciendo Agentes de Cambio", apunta a identificar las características de los agentes de cambio que hoy existen en el mundo y que se encuentran poco desarrollados en Sudamérica, con objeto de descubrir las causas de su falta de protagonismo y encontrar soluciones que les permitan asumir el rol que están llamados a cumplir. Para ello, tanto el diálogo y la reflexión como la acción resultan de vital importancia.

sábado 2 de febrero de 2008

The Paradox of Choice

To my friend Santiago, who often times hesitated and was preoccupied in the paradoxical crossroad between choices and decisions.


The official dogma of most western societies runs somewhat like this: “…If we are interested in maximizing the welfare of our citizens, the way to do that is by maximizing individual freedom…” The reason for such statement is both, that freedom is in and of itself “good”, “valuable”, “worthwhile” and “essential to being human”. If people have “freedom” then each one of us can act on our own to do the things that will maximize our welfare and no one has to decide on our behalf. Accordingly but not necessarily, the way to maximize “freedom” is to maximize choice, the more choice people have the more “freedom” they can have , in turn the more welfare they acquire. This, I think, is so deeply embedded in the water supply that I wouldn’t expect anyone to question it. This is also deeply embedded in our lives too, to the extent that it turns “unquestionable”.
If we take this into account and as an example an electronic store, where you got millions of different choices and offers to a particular product, for instance, a stereo sound system, the “variability” of it generates “choices”.
In other aspects of life that are much more significant than buying things, the same exploition of choice is true. In healthcare, for example, it is no longer the case that you go to the doctor and the doctor tells you what to do. Instead the doctor tells you “We could do A or B, where A has this benefits and this risks, and B has this benefits and this risks, Which one do you want to do?” And you say, “Doc, what should I do?” And the doctor says “A has these benefits and these risks and B has this benefits and this risks, what do YOU want to do?” So then you say, “If you were me, what would you do?” And the doctor says “But I am not you”.
The result is a shifting of the burdening and responsibility for decision making from somebody who “knows something”, namely the doctor, to somebody who “knows nothing” and is almost certainly sick and is not in the best shape to be making decisions, namely the patient.
With respect to marriage and family, there was a time that there was a false assumption that almost everyone had (according to my grandfather of course) and it was that you would get married as soon as you could, and then start having children, hence the only real choice was: With whom? Not “when”, and not “what you did after”.
Nowadays, the new generation is preoccupied asking themselves (I include myself) consuming questions such as: Should I get married now or later? Or perhaps, not marry at all? Should I have kids or not? Should I have a career first and then marriage or backwards? Should I go to this University or the other?
The question I arrive to is: Is this “good news” or “bad news”? And the answer is “Yes” jaja. We all “know” what is “good” about it, so I rather best describe what is “bad” about it. According to myself, choice has two negative effects on people. One affect paradoxically produces “paralysis” rather than “liberation”. With so many options to choose people find it very difficult to make a decision. The more choice we have, the more stress we experience in taking the decision, the more accurate we want to be, to the point that we end up putting it out for tomorrow, and tomorrow, and tomorrow, and then as we “know” tomorrow never comes. It is just so hard to decide, that we just keep pushing it and avoid all the stress that takes to make such an assorted decision.
The second effect is that even if we manage to overcome the “paralyses” and make a choice, we end up less satisfied with the result of the choice than we would be if we had fewer options to choose from. There are “explanations” that I deduce from thinking: you could have made a different choice that could have been better, but you will never know what it could have been. This imagined alternative induces you to regret the decision you made, and this regret subtracts the satisfaction you get out of the decision you made even if it was a good decision. Often times we divulge in the “imagined past that projects a future” kind of thinking, more known as the typical “what if” question. That certainly leads us to regret, and as a result, dissatisfaction.
I would say another reason is “Escalation of expectation” Choices are supposed to improve our lives and suit our needs, so the more choices the more needs we suit, and the more we expect out of our decisions. For instance, this last time I went to buy a pair of jeans, I found myself emerged into a world of undecidedness: I had thousands of options in a 3 stories Abercrombie Store, with 2 helpers asking me “What color? What type? What size? What style? What kind of pockets” what…what…what?” And all of these just for a single pair of jeans. So, I tried several of them, I doubted, I hesitated, I came back to one and then went to another, and then I finally made a decision after so much doubting. I walked out of the store and I thought to myself I did better, but I inevitably felt worse. I felt like it was good but it was not perfect. So I asked myself a simple question: Why? So I thought about it and came up with a “self-theory sort of response”, and it goes somewhat like this “With all the available options, the expectations go up and with less available options, the expectations lower down”
Furthermore, I concluded in a paradoxical form, that adding options to peoples life’s doesn’t help but increases the expectations about what people have about how good it could be, which produces less satisfactions with results, even when results were good.
The reason that everything was better back when everything was worse is that when everything was worse it was actually possible for people to have experiences that were a pleasant surprise. Nowadays, the world we live in, we affluent industrialized citizens with perfection, the expectation, the best that we could ever hope for, is that stuff is good as you expect it to be. That would probably never please us enough, because our expectations have gone through the roof. We expect the best, so much and so perfect, that we just drag ourselves into disappointment. So, I wanted to conclude sort of a funny sounding statement, and that is “The secret to happiness is low expectations” jajaja.
Finally, one consequence of making a single decision out of one choice is that when you are dissatisfied, there’s a question, and that is: who is responsible for this? The answer is clear, the world is responsible!! “Of course it is, I did not have other options! It’s their fault.”
On the other hand, when we make a decision out of many options, who becomes responsible? Yes, ourselves!! “You could have done better”, with a lot of options there is no excuse for failures, besides, you chose your own “future”. Short in hand, we blame ourselves. One of the things that goes in hand with the paradox of choice is “depression”. “Depression” has exploited in the industrial world in the last generation and I believe a significant contributor to this exploition of “depression” and also suicide, is that people have experiences that are disappointing because their standards are so high, and then when they have to explain those experiences to themselves, they think they are at fault. The inevitable result is that we may do better objectively, but we feel worse. So there is no question that “some” choice is better than “non”, but it doesn’t follow from that, that “more” choice is better than “some” choice. Now, as a policy matter, the thing to think about is this: Is material affluence what enables all of this choice in industrial societies? There are lots of places in the world that their problem is not that they have “too much choice”, their problem, on the contrary, is that they ‘have too little choice”. What is so frustrating and infuriating about these expensive complicated choices, is not simply that they don’t help, they actually hurt, and make us worse off. So I wonder what would happen if some of what enables people in industrial societies to make all of the choices that they make, were shifted to societies in which people have fewer options. Would that become sort of a “retro-help system” in which their needs are satisfied with the excess in industrial societies and, convergently the issues of excess in industrial societies solved through that flow? I just wonder…
In conclusion, the excess of choice increases paralysis and decreases satisfaction, sounds like quite a great recipe for misery. But I believe that misery comes along strikingly not when we face decisions like “buying a pair of jeans” or such, but when we have to decide the course of our own future, if at all possible. I certainly felt the stress of making a decision when I came to the United States to pursue a career in Psychology. However, I did not experience “the paradox of choice” as much as I am experiencing it now, that I am close to graduate and have to take decisions towards my future. Do I want to go to graduate school and pursue a masters or doctorate? Do I want to start working and make money? Do I want to come back to Argentina or stay in the United States? But the most tremendously and collectively stressful paradoxically optional question ultimately becomes: WHAT DO WE WANT FROM LIFE???

Lucas Cavolo, Applied & Analytical Psychology Senior Student.
S. S: Schwartz Conference of Happiness, Bethel College, October, 2006.

sábado 8 de diciembre de 2007

Literatura y nazismo


"La novela que conmueve a Europa"

Jonathan Littell trata de explicar por que lo que cometió (formando parte del regimen nazi) pudo haber sido realizado por cualquier otra persona. Muy interesante y polémico. Espero que escriban su opinión de este caso tan controvertido saludos!!
Sábado 3 de noviembre de 2007

Hermanos hombres, dejadme que os cuente cómo ocurrió. No somos hermanos tuyos, replicaréis, y nos importa un bledo. Y es muy cierto que se trata de una tenebrosa historia, aunque también edificante, un auténtico cuento moral, os lo aseguro. Existe el riesgo de que resulte un tanto largo, porque, bien pensado, sucedieron muchas cosas, pero a lo mejor no tenéis mucha prisa; con un poco de suerte, no andáis mal de tiempo. Y además no es algo ajeno a vosotros. No creáis que estoy intentando convenceros de nada; bien pensado, allá vosotros con lustras opiniones. Si he resuelto escribir, después de tantos años, es para poner las cosas en su sitio, y no para vosotros. Nos pasamos tiempo y tiempo en este mundo arrastrándonos como orugas, a la espera de la mariposa espléndida y diáfana que llevamos dentro. Y, luego, el tiempo pasa, la ninfosis no llega, seguimos siendo larvas: comprobación desalentadora; ¿cómo manejarla? Por supuesto que siempre queda la opción del suicidio. [ ] Con frecuencia han comentado los filósofos políticos que, en tiempos de guerra, el ciudadano, el ciudadano varón al menos, pierde uno de sus derechos más elementales, el de vivir, y eso desde los tiempos de la Revolución Francesa y la invención del reclutamiento, que es ahora un principio universalmente admitido o casi. Pero pocas veces han dejado constancia de que ese ciudadano pierde al mismo tiempo otro derecho, no menos elemental y más vital quizá incluso para él en lo tocante a la idea que se hace de sí mismo en tanto y en cuanto hombre civilizado: el derecho a no matar. Nadie nos pide opinión. El hombre que está a pie firme junto a la fosa común no ha pedido, en la mayor parte de los casos, estar en ese sitio, de la misma forma que tampoco lo ha pedido el que se halla tendido, muerto o moribundo, dentro de esa misma fosa. Me diréis que matar a otro militar en combate no es lo mismo que matar a un civil desarmado; las leyes de la guerra permiten aquello, pero no esto; y otro tanto sucede con la ética al uso. Un buen argumento en términos abstractos, desde luego, pero que no tiene en cuenta en absoluto las condiciones del conflicto en cuestión. La distinción totalmente arbitraria que se crea, acabada la guerra entre, por una parte "las operaciones militares", equiparables a las de cualquier otro conflicto, y, por otra, "las atrocidades" al frente de las cuales se halla una minoría de sádicos y de trastornados, es, como espero demostrar, una ilusión que consuela a los vencedores, si los vencedores son occidentales, debería especificar, pues los soviéticos, pese a la retórica que se gastan, siempre entendieron de qué iba la cosa: a Stalin, después de mayo de 1945 y tras los primeros aspavientos para la galería, le importaba un bledo una ilusoria "justicia"; quería cosas firmes y concretas, esclavos y materiales para volver a levantar y a construir, nada de remordimientos ni de lamentaciones, pues sabía tan bien como nosotros que los muertos no se enteran de los llantos y que los remordimientos nunca le han puesto alubias al potaje. No defiendo la Befehlnotstand , el sometimiento a las órdenes que tanto gusta a nuestros buenos abogados alemanes. Lo que hice, lo hice con pleno conocimiento de causa, convencido de que era mi deber y de que era necesario hacerlo, por desagradable y triste que fuera. También consiste en eso la guerra total: lo civil ya no existe, y entre el niño judío que muere en la cámara de gas o fusilado y el niño alemán a quien matan las bombas incendiarias no hay sino una diferencia de medios: esas dos muertes eran inútiles por igual, ninguna de las dos abrevió la guerra ni un segundo, pero en ambos casos el hombre o los hombres que los mataron creían que era justo y necesario; si se equivocaron ¿a quién hay que condenar? Esto que digo sigue siendo cierto incluso si se hace una distinción artificial entre la guerra y lo que el abogado judío Lempkin bautizó con el nombre de genocidio, e indico que, al menos en nuestro siglo, nunca ha habido aún un genocidio sin guerra y que, al igual que la guerra, se trata de un fenómeno colectivo: el genocidio moderno es un proceso que las masas hacen padecer a las masas y por las masas. Es también, en el caso que nos ocupa, un proceso segmentado por las exigencias de los procedimientos industriales. De la misma forma que, según Marx, el obrero está alienado en lo referido al producto de su trabajo, en el genocidio o en la guerra total en su forma moderna, el ejecutante está alienado respecto al producto de su acción. Esto es válido incluso para el caso de un hombre que apoye el fusil en la cabeza de otro hombre y apriete el gatillo. Pues a la víctima la trajeron otros hombres y su muerte la decidieron otros diferentes y también el que dispara sabe que no es sino el último eslabón de una cadena larguísima y que no tiene que hacerse más preguntas que las que se hace el miembro de un pelotón que, en la vida civil, ejecuta a un hombre que las leyes han condenado como es debido. Quien dispara sabe que es el azar el que determina que dispare él, que un compañero acordone y otro más conduzca el camión. [ ] Si habéis nacido en un país y en una época en que no sólo nadie viene a matarnos a la mujer y a los hijos sino que, además, nadie viene a pediros que matéis a la mujer y a los hijos de otro, dadle gracias a Dios e id en paz. Pero no descartéis nunca el pensamiento de que a lo mejor tuvisteis más suerte que yo, pero que no sois mejores. Pues si tenéis la arrogancia de creer que lo sois, ahí empieza el peligro. Nos gusta eso de oponer el Estado, totalitario o no, al hombre vulgar, chinche o junco. Pero nos olvidamos entonces de que el Estado se compone de hombres, más o menos vulgares todos ellos, cada cual con su vida, su historia, la serie de casualidades que hicieron que un día se encontrara del lado bueno del fusil o de la hoja de papel, mientras que otros se encontraban del lado malo. Muy pocas veces ha escogido uno ese itinerario, ni siquiera hay una predisposición a seguirlo. A las víctimas, en la inmensa mayoría de los casos, nunca las torturaron porque fuesen malos. Pensar eso sería un tanto ingenuo, y basta con tratarse con cualquier burocracia, incluso la de la Cruz Roja, para convencerse de ello. Por lo demás, Stalin hizo una demostración elocuente de esto que estoy diciendo, al convertir a cada generación de verdugos en víctimas de la generación siguiente, sin que por ello careciera nunca de verdugos. Ahora bien, la maquinaria del Estado está hecha de la misma aglomeración de arena deleznable que aquello que muele, grano a grano. Existe porque todo el mundo está de acuerdo en que exista, y lo están incluso, con gran frecuencia, y hasta el último minuto, sus víctimas. Sin los Höss, los Eichmann, los Goglidze, los Vychinski, pero también sin los guardagujas, los fabricantes de hormigón y los contables de los ministerios, un Stalin o un Hitler no son sino un odre henchido de odio y de terrores estériles. Ahora es ya un tópico decir que la inmensa mayoría de las personas que organizaron los procesos de exterminio no eran sádicos o seres anormales. Sádicos y trasnochados los hubo, por supuesto, como en todas las guerras, y cometieron atrocidades indecibles, es la verdad. Es también verdad que las SS habrían podido intensificar los esfuerzos para controlar a esa gente, aunque hizo más de lo que suele creerse; y no está claro que pudiera, que se lo pregunten a los generales franceses, que estaban bien fastidiados en Argelia con aquellos oficiales suyos, alcohólicos, violadores y asesinos. Pero no es ése el problema. Trastornados los hay en todas partes y en todas las épocas. Nuestros tranquilos barrios periféricos rebosan de pedófilos y de psicópatas; nuestros albergues nocturnos, de megalómanos rabiosos; algunos se convierten en un problema, efectivamente; matan a dos, a tres, a diez, incluso a cincuenta personas, y, a continuación, ese mismo Estado que los utilizaría, sin un parpadeo, en una guerra, los aplasta como a mosquitos atiborrados de sangre. Esos hombres enfermos no tienen importancia. Pero los hombres corrientes que forman el Estado -sobre todo en tiempos de inestabilidad-, ésos son el auténtico peligro. El auténtico peligro para el hombre soy yo, y sois vosotros. Y si no estáis convencidos, para qué seguir leyendo. No entenderéis nada y os irritaréis sin provecho ni para vosotros ni para mí. Como la mayor parte de la gente, no pedí convertirme en asesino. Si hubiera estado en mi mano, ya lo he dicho, me habría dedicado a la literatura. A escribir, si hubiera tenido talento para ello, y, si no, a la enseñanza quizá; en cualquier caso, a vivir entre cosas hermosas y serenas, las mejores creaciones de la voluntad humana. ¿Quién elige el asesinato por voluntad propia, a menos que esté loco? [Traducción María T. Gallego Urrutia]

sábado 3 de noviembre de 2007

Un poco de revista no viene mal

Sin ánimos de ser sarcástico sin sentido, ni mucho menos, quise escribir una serie de ideas desordenadas
pero relacionadas que me fueron surgiendo a partir de las elecciones presidenciales…
No vamos a anticiparnos a lo que será la gestión de Cristina Fernández, que por el bien de todos esperemos que no sea un desastre sino mas bien un rotundo éxito. Pero claro, en lo referente a la sucesión (si se lo puede llamar así) hay cosas que estaría bueno analizar: Yo imagino dentro de unos pocos días el momento en que el presidente (de aquí en adelante “Néstor”) le traspase la banda presidencial a la futura presidente (de aquí en adelante “Cris”), se miren a los ojos, y reconozcan el uno al otro no sólo a un aliado político sino a la persona con la que eligieron formar una familia y realizar su vida, y con la que alguna tarde dominguera de la década del 70´ estuvieron en una situación muy similar, los dos, uno frente al otro, pero claro está..cuando contraían matrimonio... ¿Habrá pico esta vez? Me retracto, argumente no querer ser sarcástico. Pero que situación particular para los argentinos, ser los primeros en tener un presidente y una presidente que son marido y mujer. Siempre asi nosotros...Es casi un enroque diría yo, sin ánimos de ser prosaico. Pero mas o menos es así: Cris cede su rol de primera dama a Néstor, quien pasa a ser lo que Cris era cuando él era lo que ahora ya no es, sino que es Cris: presidente.
Y no pude menos que recordar el caso de los hermanos Kaczynski: Jaroslaw, fue primer ministro hasta hace muy poco tiempo. Lech, su hermano (ah!, no olvidar el detalle novelesco de que son gemelos), presidente. Juntos hicieron de Polonia un país particular por poco más de dos años. Su cristianismo ortodoxo recalcitrante, sus fomento del nacionalismo fanático, la corrupción y su mirada escéptica respecto a la Unión Europea llevaron a que un país polarizado en términos políticos tuviera que elegir con dos años de anticipación a la fecha preestablecida nuevamente primero ministro, siendo ganador un candidato del partido opositor. La elección fue hace unos pocos días, Octubre de 2007.
Tampoco pude evitar pensar en Hillary Clinton. Imposible ¿no?. Mujer, dato no menor en política (lamentablemente). Esposa de un ex presidente, el querido Bill, hombre de andanzas polémicas, senadora, posiblemente futura presidente de EEUU. Claro, la diferencia sería que Clinton fue presidente hace tres gobiernos, y no es sucedido en forma inmediata por su mujer (o una de sus mujeres vale decir en todo caso).
Espero con sinceridad que la curiosidad situación en la que nos encontramos los argentinos hoy en términos institucionales sea solo eso, una curiosidad, y que no impida un funcionamiento aceitado del sistema. Ahora bien, la pregunta que no puedo responder aún es ¿ Qué va a hacer Néstor estos cuatro años!?





Espero que se expresen!


Fran Urdinez

Al fin un reconocimiento!


Muchas gracias a La Mascarada por habernos considerado uno de los cinco blogs merecedores del THINKING BLOGGER AWARD, gracias!